domingo, 10 de febrero de 2008

Sympathize with Gaza


Si tanto el fútbol es el opio de las masas sufrientes, quizás sea posible que de su sufrimiento surjan algunos pocos virtuosos que hagan suya la misión de arrancar entre tantas emociones encontradas un momento de lucidez que nos despierte hacia una nueva realidad.

El Cairo.- La copa África 2008 ha sido desde su inicio casi el único tema de conversación entre los egipcios que, fieles a su pasión, siguen todos los detalles del campeonato, con expectativas de mantener el título conseguido en el 2006. El martes 22 de enero se celebró el primer partido del Grupo C, en el que Egipto venció 4 a 2 a Camerún, desviando notablemente la atención de los sucesos acontecidos en la vecina Gaza hacia el ángulo deportivo.

El gobierno egipcio contuvo la respiración mientras pudo, pero la “revolución del hambre” -como la llamó el Daily News Egypt- estalló con las fronteras la madrugada del 23 de enero y se posicionó primero en los temas de actualidad en todos los rincones del país. Tanto fue así que ese mismo día una manifestación pacífica contra el bloqueo impuesto por Israel a la franja de Gaza organizada por los Hermanos Musulmanes en el centro de El Cairo tuvo una convocatoria masiva. Los manifestantes intentaron llegar al edificio de la Liga Árabe llevando copias del Corán, pancartas con consignas pacifistas y un solo canto: “Defendemos Palestina con nuestras almas, defendemos Palestina con nuestra sangre”. La policía dispersó violentamente a la multitud, y arrestó a más de 200 manifestantes, incluyendo miembros del Congreso Nacional, según informó Gamal Nassar (MB).

Egipto es uno de los dos países árabes que ha firmado la paz con Israel. La frontera de Rafah que conecta Gaza con Egipto es la única conexión que tiene el territorio con el exterior. Desde junio de 2006 ha permanecido casi siempre cerrada para los palestinos. Luego de la apertura de la frontera, y ante la presión de Estados Unidos, el gobierno de Hosni Mubarak se manifestó “avergonzado y furioso” por lo acontecido, arguyendo que había permitido dejar entrar a los palestinos “porque se estaban muriendo de hambre”.

En contrapartida, Hamdeen Sabahi, legislador por el partido nasserista, citado por el periódico Al Ahram expresó: “Qué vergüenza! Deberíamos avergonzarnos de nosotros mismos por nuestro fracaso con nuestros hermanos palestinos. El gobierno debería avergonzarse por fallar en demostrar el liderazgo de Egipto (…) ¿Por qué debemos preocuparnos más por nuestras relaciones con Israel más que por las vidas de los hombres y mujeres palestinos que están siendo asesinados por los israelíes?”

El viernes 25 de enero a las 13 -hora local- se suponía que la frontera de Rafah cerraría sus puertas a los residentes de Gaza, sin embargo nuevas explosiones se anticiparon al hecho, dejando la vía libre. El afluente de palestinos en Egipto parece imposible de ser cesado, sobretodo teniendo en cuenta que el gobierno egipcio goza de una alta impopularidad entre los ciudadanos y dirigentes políticos de Gaza y desea mediar en estos días un acuerdo entre Hamas y Al Fatah que suponga la continuidad de los diálogos de paz con Israel.

De forma paralela, solidaria y silenciosa se ha generado dentro de algunas empresas privadas una forma de solidaridad entre los empleados, quienes ayunaban durante el día y luego se reunían a rezar al final de la jornada por sus hermanos palestinos.

Sin embargo, en El Cairo la continuidad de la situación mantiene a la población en una tensa calma que el sábado 26 se disipó con la llegada de la ansiada segunda fecha de la Copa África.

Una ironía popular dice que el país tiene una sola religión, el Islam, un solo gobernante, Mubarak, y un solo equipo de fútbol, el Ahly. Ganador de cuanto campeonato local se dispute, el equipo cuenta con un jugador estrella, Mohamed Abou Trika, “el rey de Egipto”, quien porta orgulloso la casaca número 22 tanto del Ahly como de la selección nacional.

Ausente en el primer tiempo del partido disputado con Sudán el 26 de enero, que “los faraones” iban ganando 1 a 0 gracias a un penal anotado por Hosni, Abou Trika hizo su entrada en el campo de juego con la aclamación generalizada de la audiencia. Respetado hasta por sus rivales –que ni siquiera osaron, o pudieron, tocarlo- el número 22 se movió rápidamente y en escasos minutos alcanzó el arco, marcando el primero de sus dos goles de la fecha, e instantáneamente dejó al descubierto la camiseta blanca que iba por debajo de la casaca roja, cuya inscripción rezaba: Sympathyze with Gaza.

Vistos los acontecimientos ocurridos sólo tres días antes, no hay que dejarse engañar por la simplicidad de la consigna. Abou Trika no le hablaba a la comunidad internacional –las posibilidades de que ésta pose sus ojos en el campeonato africano son ínfimas- el mensaje estaba claramente dirigido a sus compatriotas y al gobierno. El público lo recibió con una ovación.

Si hay esperanza para los oprimidos, entonces seguro que ella reside en los pueblos, y no en sus gobernantes. Subestimar la percepción de las masas respecto a los acontecimientos “verdaderamente relevantes” es siempre un error. No está de más soñar que si el fútbol es un instrumento de dominación y adormecimiento de los pueblos, puede ser también portador de una posibilidad única de soñar despiertos otra realidad, más humana y solidaria. Sin embargo, no pueden construirse o re-construirse lazos solidarios sobre la dura piedra de la opresión.

Publicado en: El Corresponsal.com (Argentina)
Oficina de Información Chileno-Palestina (Chile)
Palestina Libre.org (Chile)