La gira de Nicolas Sarozky por Medio Oriente demuestra una vez más que su relación con los países árabes tiene todas las características de un diálogo de sordos, en el que los intereses se expresan como contrapuestos, se interpretan como comunes y el destino de los países de la región continúa incierto.
El Cairo.- La llegada del premier francés Nicolás Sarkozy a Egipto estuvo desde el comienzo teñida de intenciones ambiguas. La primera de ellas, resultado de su estadía no-oficial, en compañía de Carla Bruni en El Cairo, Sharm el Sheik y Luxor. Dicha visita, estaba destinada a remettre en valeur a Egipto como destino turístico del público francés, que en los últimos dos años había menguado considerablemente como consecuencia de los atentados ocurridos en 2005 y 2006 en el país. Sin embargo, tuvo un doble impacto no esperado.
Mientras los medios franceses se deleitaban con los detalles íntimos del romance de la pareja –acompañada por uno de los hijos del presidente así como por fuerzas de seguridad francesa y egipcia- en las calles de El Cairo se palpitaba una fuerte indignación resultado del sabor amargo de pronunciar, ante la manifestación pública del romance extra matrimonial, una sola palabra: haram (pecado).
La prensa egipcia -oficialista por definición- ante el descontento local, se debatía entre nombrar a la acompañante de Sarkozy “amiga”, “novia”, “fiancé” o “Miss Bruni”, desencadenando una confusión expresada en este tipo de matices, intentaba soslayar las costumbres occidentales frente a los valores islámicos dominantes en la sociedad egipcia; que especulaba con la posibilidad de una propuesta matrimonial del premier francés a su fiancé italiana.
Dando comienzo a la visita oficial -la primera desde su llegada a L´Elysée-Sarkozy se reunió con su par egipcio en la ciudad turística de Sharm el Sheik, que en julio de 2005 había sido escenario del más grande atentado terrorista que conoció el país en el que murieron más de 60 personas, en su mayoría egipcios, pero también franceses, ingleses, británicos y, entre otros, un israelí. Casualmente, el primero en visitar al presidente Hosni Mubarak en Sharm el Sheik fue el primer ministro israelí Ehud Olmert, en noviembre del año pasado, previo a los acuerdos de Anápolis celebrados a fines de ese mes.
Apenas un mes después del encuentro de Anápolis, el presidente francés exigió en El Cairo a Israel un gesto para relanzar el proceso de paz demostrando con ello que los acuerdos firmados entre el premier israelí y su par palestino habían muerto antes de nacer.
En un intento de estrechar relaciones con los países árabes, que no ven con buenos ojos a un presidente francés que se enuncia abiertamente como “amigo fiel de Israel” y continuando la línea de su discurso anti-colonialista -estrenado durante su gira por otros países del continente africano- Sarkozy agregó que “es el momento de que Israel abandone su política de colonización”.
En la conferencia de prensa ofrecida en El Cairo, el francés recordó el pedido que en tres ocasiones le realizara su homólogo palestino Mahmoud Abbas para que utilizara su influencia en pos de lograr la consolidación de un estado palestino, expresando al respecto que dicho fin no sería alcanzado mientras no se alcance la paz con Israel. En este sentido, la política exterior francesa parece seguir los pasos de la norteamericana, haciendo suyo el discurso que no distingue entre terrorismo y resistencia militante a la ocupación.
Aunque retomando también la premisa de la administración Bush respecto a la defensa e impulso de la democracia en la región, se diferencia pragmáticamente de la línea de acción de aquélla, dispuesta a actuar directamente en la política interna de los Estados. Así, refiriéndose a la crisis de Líbano, el presidente francés anunció que cortaría sus relaciones con Siria hasta el parlamento libanés eligiera su cabeza de Estado producto del consenso.
Por su parte, el presidente egipcio hizo un llamamiento también al gobierno de Siria, pero para que use toda su influencia interviniendo sobre su vecino, para poner fin al acefalismo.
El parlamento libanés, no ha podido alcanzar un acuerdo hasta la fecha para la sucesión de Emile Lahaud quién terminó su mandato el 24 de noviembre último, manteniendo a Líbano en una tensa calma que alcanzó su punto más álgido el 14 de febrero cuando un atentado culminó con la vida de el ex primer ministro Rafia Hariri que el grupo 'Al Nasir y Yihad' reivindicó como “justo castigo al infiel agente Hariri” pro sirio.
Ambos presidentes se pronunciaron a favor de la realización de un proyecto de Unión Mediterránea, propuesto por Sarkozy con el deseo de que “nuestra generación pueda lograr en el Mediterráneo aquello que han logrado hacer nuestros padres en Europa”. El primer paso de dicha unión fue la cooperación ofrecida por Francia a Egipto en materia de energía nuclear.
La presencia del presidente francés logró hacer sombra a la coetánea llegada a Egipto del consejero iraní Ali Larijani que, además de reunirse con diversos ministros del gobierno egipcio, se encontró con el secretario general de la Liga Árabe Amr Moussa. La visita, se ubica en la línea del inicio de las relaciones bilaterales que iniciara 20 días antes en Teherán una delegación egipcia de alto rango dirigida por el ministro adjunto de Asuntos Exteriores Hussein Derar.
Luego de casi treinta años de distancia, iniciados con la firma de los acuerdos de Camp David y el asilo ofrecido por Sadat al shah Mohamad Reza Pahlavi en 1980, ambos gobiernos han comenzado el año pasado un acercamiento que, sin duda, aumenta las tensiones ya existentes en la región en sus relaciones con Occidente.
La gira por Oriente Medio del presidente francés continuó en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, países a los que ofreció ayuda nuclear bajo la premisa de que “El mundo musulmán no es menos razonable que el resto del mundo para recurrir a lo nuclear civil para sus necesidades de energía”, como expresó al periódico saudí Al Hayad antes de su partida.
El “gran representante del lobby nuclear” como lo llamó el diario español El País, negoció con las monarquías del Golfo la construcción de reactores nucleares de tercera generación, contratos militares y de seguridad, así como la posibilidad de concretar la construcción de una línea ferroviaria entre La Meca y Medina.
Publicado en El Corresponsal.com (Argentina)
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