"Hay una manera muy sencilla de acabar con el terrorismo: dejar de participar en él"
Noam Chomsky
Introducción
Mucho se ha hablado y mucho se ha escrito sobre el terrorismo sobre todo en los últimos años. A pesar de ello, numerosos autores coinciden en que aún no se ha llegado a una comprensión real de dicho fenómeno al no haber coincidencia entre las diferentes formas de categorizarlo y definirlo.
A lo largo de la presente exposición intentaremos desarrollar algunos items que consideramos esenciales para lograr un avance en el estudio y entendimiento del terrorismo como manifestación de la correlación de fuerzas en el orden mundial vigente. Para ello, en primer término analizaremos brevemente el contexto internacional en el que está inserto nuestro objeto de estudio. Luego nos adentraremos en el fenómeno, la problemática de su definición y categorización así como en sus diferentes manifestaciones.
El fenómeno del terrorismo en una era global
En el mundo moderno, la autoridad política se concentra casi abrumadoramente en manos de un tipo determinado de institución: un estado del tamaño adecuado y plenamente centralizado. Cada Estado preside, mantiene y se identifica con un tipo de cultura, una forma de comunicación que predomina dentro de sus fronteras y depende para su perpetuación de un sistema educativo centralizado supervisado - y muchas veces dirigido- por el estado que monopoliza la cultura legítima casi tanto como la violencia legítima.
En los tiempos en los que vivimos, en el que la globalización pone en jaque la soberanía de los estados-nación[1], el tema del terrorismo internacional es especialmente interesante ya que este también ha devenido global. La complejidad de este fenómeno es intrínseca al orden mundial vigente, ya que revela la incapacidad de los estados de responder a un vasto conjunto de demandas sociales provocando lo que Habermas llama una "crisis de legitimación". Es decir, a pesar de que el estado-nación conserva la capacidad de ejercer la violencia, está perdiendo el monopolio, hecho que ha quedado demostrado con los atentados del 11 de Septiembre de 2001 en Washington y ratificado luego con el atentado del 11 de Marzo en España. Estos acontecimientos han dado prioridad en la agenda internacional al tema de la seguridad, y también al tema de la democracia en un mundo globalizado, ya que "...es ilusorio creer que las sociedades democráticas del mundo industrializado pueden convertirse en fortalezas frente al resto del planeta. La mundialización de los intercambios, la voluntad de acelerar la circulación de bienes y personas (especialmente con un objetivo económico) y la necesidad de preservar las libertades y los derechos fundamentales para los ciudadanos requieren una gran fluidez de desplazamientos y generan una enorme vulnerabilidad. La seguridad debe entenderse como común y colectiva en el mundo entero, y los riesgos y amenazas existentes en cualquier parte del mundo pueden afectar a nuestras sociedades. Mas que recurrir a la fuerza, esto exige entablar diálogos políticos en busca de soluciones negociadas allí donde las reivindicaciones corren el riesgo de expresarse violentamente." [2]
Según el Informe sobre el desarrollo mundial del Banco Mundial (1997), "La globalización representa una amenaza para los Estados débiles o gobernados caprichosamente. Pero es también una oportunidad para que los Estados eficientes y disciplinados consigan niveles más altos de desarrollo y bienestar económico, y acentúa la necesidad de cooperación internacional eficaz en la búsqueda de una actuación colectiva de alcance mundial". Esta caracterización es hoy a todas luces representante del discurso hegemónico de los asuntos mundiales cuyo abanderado es Estados Unidos. Siguiendo esta lógica, "la alianza del norte" (estados 'eficientes') se ha abalanzado sobre esa parte del mundo cuyos estados se niegan a 'colaborar'. Identificados con 'el mal', los Estados 'caprichosos' ven caer sobre sus cabezas algo más que bombas. Ven caer todo el peso del desequilibrio mundial.
El sentido del término 'terrorismo'. La construcción del enemigo
"Cuanto más confuso es un concepto más dócil se muestra a la apropiación oportunista"
Jaques Derrida
Sin aventurar una definición de terrorismo, nos aproximaremos al tema que nos interesa diciendo, en primer término, que dicho fenómeno en el orden de las relaciones internacionales es novedoso en tanto agentes trasnacionales le disputan a un Estado el monopolio legítimo de la violencia.[3] Estos agentes del terror con reivindicaciones religiosas, étnicas, nacionales son generalmente los bien llamados terroristas, los malos de la película, los enemigos de la democracia y las libertades individuales. Y es una descripción justa. Este es un modo de ver las cosas. Pero un modo de ver es siempre un modo de no ver, o, en palabras de Noam Chomsky :" El mundo se ve muy distinto según si es usted quien sostiene el látigo o quien viene siendo azotado por él durante cientos de años. Muy distinto"[4]. Este es uno de los ejes centrales del presente trabajo, abordar la problemática del terrorismo desde los grupos terroristas y desde los Estados terroristas. Tomamos para ello la definición de Estado weberiana, según la cual "... por Estado debe entenderse un instituto político de actividad continuada, cuando y en la medida en que su cuadro administrativo mantenga con éxito la pretensión al monopolio legítimo de la coacción física para el mantenimiento del orden vigente"[5]
El terrorismo es claramente una lucha por el poder. Y quien disputa por el poder diputa por el sentido. El sentido que se le da al terrorismo es claramente impuesto por los detentadores del poder. Como señala Saint Pierre[6], el uso del término es subjetivo y se utiliza la más de las veces para identificar al "otro" y para justificar el uso de todo tipo de medios para combatirlo. El estudio del autor hecha luz sobre el fenómeno a partir del análisis de los usos de los términos violencia y terrorismo, y, siguiendo la línea de Wardlaw, explica que generalmente es visto como fuerza la acción de los gobiernos mientras se entiende por terrorismo a la de los particulares. El límite es la legitimidad, y es la sociedad la que marca este límite. Y así: "la cosificación y legitimación del terrorismo oficial permite condenar el terrorismo individual como moralmente repugnante y no reconocer, en absoluto, el terrorismo oficial o aceptarlo como duro, pero necesario"[7]
Así vemos como el uso que se le da al término terrorismo está directamente relacionado con los intereses -políticos, económicos o ideológicos- propios de cada persona, grupo o Estado. Intereses que se hallan en conflicto y que, por lo tanto, definirán las posiciones estratégicas que los diferentes actores tomarán al respecto.
Los atentados del 11 de septiembre
El gran punto de inflexión es entonces, como hemos anticipado, los atentados del 11 de Septiembre de 2001. Esto porque "...con él se abren posibilidades insospechadas anteriormente para la interpretación de relaciones, procesos, estructuras de dominación política y apropiación económica, en escala nacional y mundial. Varios nexos sociales, políticos, económicos y culturales que atraviesan juegos de fuerzas sociales y operaciones geopolíticas, se tornan más evidentes, visibles, transparentes, en escala nacional, regional y mundial."[8] Es decir, los atentados del 11 de Septiembre evidencian no sólo la vulnerabilidad de la potencia hegemónica ni su impunidad para actuar unilateralmente en consecuencia de espalda a los organismos internacionales, sino que este acontecimiento atraviesa la totalidad de las relaciones económicas, sociales y políticas tanto mundiales como estatales y regionales.
Esto se puede ver claramente en las contradicciones existentes al interior del "Eje del bien" (es decir aquellos Estados que apoyaron activamente la ofensiva militar de Estados Unidos) conformada mayormente por Estados terroristas como Argelia, China, Turquía y Rusia[9]. Sumado a la paradoja de que, como señala Chomsky, la cruzada contra el terrorismo es impulsada por el único país que ha sido condenado por ..:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />la Corte Internacional de terrorismo internacional, por "uso ilegal de la fuerza", y que ha vetado una resolución del Consejo de Seguridad que instaba al respeto de la ley internacional[10].
La construcción del enemigo que hizo Estados Unidos se puede ver claramente en el discurso oficial, que al exigir solidaridad internacional hizo declaraciones del tipo: "Todas las naciones tienen una opción que tomar. En este conflicto, no hay terreno neutral. Si algún gobierno patrocina a los criminales y a los asesinos de inocentes se convertirá en un criminal y asesino. Y tomará por su cuenta este camino asumiendo el peligro que conlleva"[11]. Una vez más el detentador del poder se ha adueñado del sentido del término y los actores se han alineado en consecuencia.
La influencia del terrorismo en los asuntos internos de los Estados
Veamos ahora como el terrorismo puede modificar la política interna de un Estado. Esto se puede leer claramente (de hecho el mundo entero lo ha leído así) en el atentado del 11 de Marzo en Madrid. Sería interesante investigar que hubiera sucedido de ser la ETA el real artífice de dicho acto, como manifestó erróneamente en un primer momento el gobierno español siendo consecuente con su alineación con Estados Unidos. De haber sido verdad, ¿hubiera reaccionado del mismo modo la sociedad española? Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que en un solo acto los españoles le dijeron no a dos terrorismos: el de al Qaeda y el de su propio Estado, ya que el gobierno español había decidido participar militarmente de la "guerra contra el terrorismo" a pesar de las disconformidad de la sociedad civil. Las mentiras oficiales y el horror desplegado por los atentados impulsaron el cambio: los españoles decidieron alejar del gobierno al partido popular y apoyar al socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
En el orden de las relaciones internacionales, lo que deja claro el atentado del 11 de Marzo es "... el fracaso de la política de lucha contra el terrorismo internacional desarrollada bajo el terrorismo de Estados Unidos... (...) el fracaso que se explica por dos errores fundamentales. El primero se sitúa en el fundamento mismo de la política definida por Washington, que considera al terrorismo una enfermedad en sí mismo, mientras que es el síntoma de un mal vivido por ciertos grupos. Una lucha eficaz y duradera debería combatir pues las causas profundas que incitan a los responsables de actos semejantes"[12] Al terrorismo de al Qaeda, Estados Unidos había respondido con más terrorismo, lo que redundó en consecuencias para la sociedad estadounidense y luego, como vimos, en la sociedad española.
A partir de los atentados del 11 de Septiembre de 2001 la sociedad norteamericana ha vivido sumida en el miedo. Este miedo, que puede ser leído como un triunfo del terrorismo, ha creado una conmoción tal, no sólo en Estados Unidos sino también en un gran número de países europeos, que las autoridades han comenzado a actuar en consecuencia reduciendo las libertades civiles de sus ciudadanos en una ola de leyes y "...(un) arsenal de medidas, insólito en tiempos de paz y propio de un Estado autoritario." Por lo que cabe preguntarse: "Al decretar el estado de excepción como norma y al erigir a la figura central del sistema ¿las democracias no se están suicidando ante nuestros ojos?"[13] Debemos, entonces, inquirirnos una vez más: ¿Ha triunfado el terrorismo? Logró su objetivo de corroer la legitimidad del Estado norteamericano, ya que había quedado demostrado que éste no podía garantizar la vida de sus ciudadanos. En respuesta a ésto la administración Bush (h) declaró la "guerra contra el terrorismo" para recomponer la legitimidad del Estado y el ánimo de sus ciudadanos. Respondió, como dijimos, con más terrorismo. No sabemos aún si triunfó una u otra personificación del terrorismo, lo que queda claro es que sí ha triunfado el terror como práctica política.
El terrorismo de Estado y los Estados terroristas
Este tipo de terrorismo es, en pocas palabras, aquel ejecutado por el Estado contra sus ciudadanos, y también, en algunos casos, contra ciudadanos extranjeros que habitan el territorio nacional. Estamos hablando, aunque parezca paradójico, de un Estado que no puede garantizar el derecho a la vida de sus propios ciudadanos porque él mismo es quién atenta contra ese derecho. Siendo consecuentes con esta línea de análisis, habría que reflexionar sobre si podemos categorizarlo de "Estado". En otras palabras, debería medirse que grado de legitimidad tiene el ejercicio del monopolio de la violencia física en estos casos (siempre siguiendo la definición weberiana de Estado).
Tomando como ejemplo el estado terrorista argentino (1976-1982), este uso de la violencia intentó legitimarse justamente como "contraterrorismo", es decir, como una acción perpetrada contra aquellos que le disputan al Estado el monopolio de la violencia.
Sin embargo el problema no termina allí, ya que estos estados terroristas muchas veces son fomentados y auspiciados por otros estados (terroristas) con intereses estratégicos en la región. Así, un estado extranjero puede aportar a la causa de sectores dominantes de la sociedad. Esto se puede ver claramente en las experiencias totalitarias latinoamericanas, donde estos sectores impulsaron el terrorismo de Estado en defensa de sus propios intereses: "para defender, consolidar y expandir su poder, élites gobernantes y clases dominantes, en diferentes países, desarrollan operaciones de terrorismo de Estado que, al poco tiempo, transforman al propio Estado en una institución terrorista"[14] y esto con el auspicio del mayor interesado en controlar las relaciones de fuerza en estas sociedades:
"La ayuda de Estados Unidos a los gobiernos de América Latina que torturan a sus ciudadanos fluye de manera desproporcionada (...) a los violadores de los derechos humanos de mas o menos categoría del hemisferio"[15]. En el caso de otro país latinoamericano, Nicaragua, al no contar con sectores dispuestos a practicar el terrorismo, Estados Unidos optó por atacar militarmente blancos civiles hasta que en 1990 los nicaragüenses votaron a la candidata de la potencia del norte y su ejército se retiró. Para dar un solo ejemplo fuera del continente, Estados Unidos también ayudo a eliminar a los kurdos en Irak y en otros países.
Como podemos ver el fenómeno del terrorismo pone en jaque al menos dos términos de la definición de Estado. El monopolio de la violencia y la legitimidad del uso de la violencia.
Ocurre que en el orden mundial vigente parece que la violencia necesita cada vez menos ser legitimada ya que su ultima ratio es, como lo ha sido siempre, la lucha por el poder.
Movimientos nacionales y terrorismo
Analicemos por último, el terrorismo ejercido por movimientos nacionales como estrategia de lucha. Para ello tomaremos dos casos, el terrorismo palestino y el de la ETA en España.
El caso de los grupos terroristas palestinos es único en varios aspectos. En primer lugar los palestinos (ciudadanos de ningún Estado) perpetúan sus atentados ayudados por estados (terroristas) mientras el Estado (terrorista) de Israel arremete con su ejército contra la población palestina con armas otorgadas por otro Estado (terrorista). Mientras los actos terroristas perpetuados por los grupos palestinos han sido condenados por la autoridad palestina, la represión ejercida por el Estado de Israel es una política de estado, también repudiada por sectores de la sociedad israelí. Política que también ha sido enérgicamente condenada por las Naciones Unidas y por gran parte de la comunidad internacional. Ahora bien, si Israel decidiera hacer de los palestinos sus ciudadanos podríamos decir que estamos frente a un terrorismo de Estado –siempre auspiciado por otro estado terrorista- pero siendo esto cada vez más improbable, ¿Cómo debemos categorizar este tipo de terrorismo? El conflicto palestino-israelí es internacional por naturaleza, ya que esta lucha de terrorismo y contraterrorismo en la que todos quieren participar está directamente relacionada con la propia existencia del estado de Israel como enclave occidental en Medio Oriente. Sin embargo, por las razones expuestas más arriba, existe una gran dificultad para identificarlo como nacional o internacional[16], al igual que el terrorismo practicado por el IRA en Irlanda del Norte. Aunque no analizaremos este caso en particular, baste decir que, como el movimiento nacionalista palestino, el IRA surgió de reivindicaciones originadas por oposición al "otro", que en este caso es el Reino Unido. Como el IRA, los terroristas palestinos actúan impulsados por principios nacionalistas; su descontento está profundamente arraigado en la historia y obedece también al establecimiento de extranjeros en su país.
Continuemos con el caso de la ETA. El Estado español contiene varias naciones, entre ellas el País Vasco (Euskadi). El Partido Nacional Vasco en el gobierno (del país vasco) busca convertir a la región en país libre asociado. Y el ánimo separatista es el que alienta a los etarras a cometer actos terroristas en busca de este fin último. Este sería un caso de terrorismo en el estado nacional pero no del estado nacional. Podría compararse quizás con el ERP argentino, aunque este ultimo planteo una guerra de guerrillas además de atentados. La diferencia estriba en la reacción de la sociedad. Y como ésta defina e identifique al terrorismo será la clave para comprender el la legitimidad de la acción de dichos grupos; ya que no es lo mismo un "luchador por la libertad" que un "terrorista".
Si bien la comunidad internacional toda aboga por el derecho a la autodeterminación de los pueblos, derecho que puede ser -y de hecho es- levantado como bandera de combate por diferentes grupos terroristas; la lectura que se hace de dicha norma está siempre cubierta de subjetividades e intereses particulares de cada Estado, grupo o individuo.
A su vez, también encontramos numerosos grupos con reivindicaciones nacionalistas o de otro tipo (religiosas, étnicas) que no utilizan la violencia en su lucha aunque esta se encuentre a su alcance. Si bien excede los objetivos de este trabajo, una pregunta interesante sería la siguiente: ¿Por que los quebequences (por tomar un caso) no cometen actos terroristas? Es decir, ¿por qué otro movimiento separatista como lo es el de Québec, con las mismas reivindicaciones nacionales y de derecho al autogobierno, no perpetúa acciones terroristas?.
Como podemos ver, la explosión de los nacionalismos que se ha dado en los últimos tiempos en parte como respuesta a la globalización puede tener diferentes manifestaciones que revelan una vez más las contradicciones propias de la coyuntura mundial y particular en la que están inmersas.
Conclusiones (siempre parciales)
Hay sin duda un largo camino que recorrer. Camino que se construye con palabras y con actos, con decisiones políticas que procuren la paz y no la germinación de condiciones que reproduzcan el terror.
Hemos intentado demostrar que el terrorismo es enemigo de la democracia ya que es un acto de violencia que atenta contra las libertades individuales, fragmenta las sociedades infundiendo el terror allí donde, de diferentes maneras, se manifiesta. Por lo tanto creemos que una clara decisión política siempre puede aportar mucho más que una acción militar para la resolución de este flajelo.
Creemos con Ianni que el terrorismo puede ser visto como la punta del iceberg, en el que puede leerse las contradicciones propias del orden mundial vigente. Por eso consideramos que para un análisis comprensivo de este fenómeno se deben tener en cuenta los diferentes factores -sociales, económicos, políticos, religiosos, étnicos, históricos, psicológicos, etc- que se combinan en esta forma de violencia, para finalmente "descubrir los nexos sociales, los juegos de fuerzas sociales, las tensiones y los antagonismos que germinan el terrorismo"[17] y no caer en visiones simplistas que obturen la comprensión de dicho fenómeno.
Bibliografía
- Bobbio, Matteucci y Pasquino. Diccionario de Ciencia Política. Ed. Siglo XXI, México, 1997.
- Clutterbuck, Richard. Guerrilleros y terroristas. Ed. FCE, México, 1987.
- Chomsky, Noam, El Terror como política exterior de Estados Unidos, Ed. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2002.
- -------------------- Poder y Terror. Reflexiones posteriores al 11/09/2001, Ed. Del Nuevo Extremo, Buenos Aires, 2003.
- --------------------- Estados canallas. El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales, Ed. Piados, Buenos Aires, 2001.
- --------------------- La cultura del terrorismo. Ed. Ediciones B, España, 1989.
- Laqueur, Walter. Una historia del terrorismo. Ed. Piados, Buenos Aires, 2003
- López, Ernesto. Escritos sobre terrorismo. Ed. Prometeo, Buenos Aires, 2003.
- Weber, Max. Economía y Sociedad. Ed. FCE, México, 1997.
- Informe sobre el desarrollo mundial (1997) Banco Mundial, Washington, 1997.
DIARIOS Y REVISTAS:
Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires
Archivos del Presente. Publicada por la Fundación Foro del Sur, Buenos Aires.
Revista TXT, Capital Intelectual S.A., Buenos Aires.
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[1] Al respecto véase: Castells, M: ¿Un Estado impotente? (1997), Beck, U: ¿Qué es la globalización?, Ohmae, K: "El fin del Estado-nación" (1996), Negri, T y Hartt: "Imperio" (2002), entre otros.
[2] Bernard, Adam:"Mentiras de guerra y aumento de la inseguridad", Le Monde diplomatique, abril 2004
[3] Ianni, Octavio: "Sociología del terrorismo". En Lopez, Ernesto "Escritos sobre terrorismo", ed. Prometeo, Buenos Aires, 2003.
[4]Chomsky, Noam: "El terror como política exterior de Estados Unidos", Ed. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2002. p. 10
[5] Weber, Max: "Economía y Sociedad". Ed. FCE, México, 1997. pp.43, 44.
[6] Saint Pierre, Héctor L: ¿Guerra de todos contra quién? En López, Ernesto, op.cit.
[7] Wardlaw, Grant: "Terrorismo político. Teoría táctica y contramedidas" citado por Saint Pierre, H. Op cit.
[8] Ianni, Octavio. Op.cit.
[9] Chomsky, Noam: "Poder y Terror", Ed. Del Nuevo Extremo,Buenos Aires, 2003. p. 20.
[10] Chomsky, Noam, op cit. p. 23
[11] Texto íntegro del discurso de Bush, 07/10/01, en www.elpais.es
[12] Adam, Bernard.op.cit.
[13] Ramonet, Ignacio: "Antiterrorismo", Le Monde diplomatique, marzo 2004.
[14] Ianni, Octavio.op.cit.p.37
[15] Lars Schoultz, citado por Chomsky, Noam.op.cit. p. 48.
[16] Tesis argumenteda por Jaques Derrida en:Barradori, Giovanna: "Habermas, Derrida, el terrorismo y la modernización", Le monde diplomatique, Febrero 2004.
[17] Ianni, Octavio,op.cit. p.34
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